China: una cadena de cangrejos atados a una cuerda

_____
–>

china-arrestNo hay enigma en la China contemporánea descrita por Qiu Xiaolong en su última novela policíaca. El país que presenta Qiu en El enigma de China (Tusquets Editores, 2014) es obscenamente transparente y aterradoramente próximo a, por ejemplo, la España anterior a esta crisis económica. Ambientada, como sus precedentes, en Shanghái, la última entrega de las peripecias del inspector jefe Che Cao retrata una megalópolis entregada en cuerpo y alma a la especulación inmobiliaria, fuente de rápidos ingresos millonarios para los políticos que recalifican y venden terrenos públicos, los constructores privados que levantan rascacielos y urbanizaciones y los particulares con acceso al dinero fácil. Suena familiar, ¿no?

        El enigma de China“La reforma inmobiliaria”, escribe Qiu, “es en realidad un inmenso chanchullo que sólo beneficia a los funcionarios del Partido, y que está inflando la economía hasta convertirla en una burbuja gigantesca”. La corrupción es, por supuesto, la hermana siamesa de esta fiebre del ladrillo: gangrena al poder y se extiende por todo el cuerpo social. Déjà vu, de nuevo.

       El Shanghái que describe Qiu es una ciudad en casi todo similar a cualquier metrópolis occidental: los muy ricos se van haciendo cada vez más ricos, las clases medias aspiran a disfrutar de las migajas del banquete y nadie atiende a los que caen en la pobreza y la marginación. Los símbolos de estatus son también idénticos: poseer automóviles alemanes de lujo, llevar relojes de grandes marcas suizas, ver la tele en pantallas extraplanas de muchas pulgadas, tomar café en un Starbucks, citar en inglés los latiguillos de las escuelas de negocios… Tan sólo el consumo de cigarrillos -abandonado por los saludables triunfadores de Occidente, pero aún vigente en China- y la tolerancia social con los poderosos que tienen concubinas –ahora llamadas pequeñas secretarias-, serían aún especificidades chinas.

          El enigma de China es la más amarga de las novelas policíacas de Qiu, hasta el punto de que deja al inspector jefe Chen al borde del cese o la dimisión. Ya no hay modo de terminar con la corrupción de la élite político-económica china; todo lo más, alguna que otra acción puntual de ciudadanos valientes puede poner fin a la carrera individual de tal o cual cargo. Esa acción se ejerce a través de Internet, utilizando con valentía los resquicios que deja el férreo control oficial del ciberespacio. Y si en alguna ocasión, como en el ficticio caso de Zhou Keng que constituye el argumento de esta novela, los denominados “ciudadanos de la Red” logran denunciar un ejemplo incontestable de podredumbre, el Partido Comunista hasta puede verse obligado a actuar. El corrupto así descubierto pagará con su cargo y hasta con su libertad o su vida el haberse dejado sorprender.

      China_CarsLa nave, no obstante, sigue su rumbo. “No es justo que sólo hayan castigado a Zhou cuando en realidad la situación se parece a una cadena de cangrejos atados a una cuerda: todos están conectados”, dice Fang, uno de los personajes femeninos de El enigma de China. “La brecha entre los ingresos y el modo de vida de ricos y pobres no dejaba de aumentar, la corrupción y las injusticias flagrantes se extendían por todas partes, los productos químicos nocivos abundaban en los alimentos cotidianos”, recapitula el narrador de la novela. A eso le llaman oficialmente construcción de “una sociedad armoniosa”.

        En 1967 el italiano Marco Bellocchio dirigió una película llamada La Cina è vicina en la que aludía a la influencia en jóvenes de la izquierda europea de las ideas maoístas de la llamada Revolución Cultural. Hoy sabemos que la Revolución Cultural fue un cruel fiasco, del que la China actual abomina, aún reivindicando a Mao como padre de la patria y gobernada todavía en solitario por su partido, comunista en el nombre, neoconfuciano en realidad. Y nadie reivindica la Revolución Cultural en la izquierda europea.

          Lo llamativo es que China sea hoy muchísimo más vecina nuestra que en la década de 1960. Y no sólo porque consumamos muchos de sus productos y porque las colonias chinas sean numerosas en América y Europa, sino, sobre todo, porque China se nos va pareciendo como una gota de agua a otra gota de agua. 

     

Shanghai

Shanghai

Ahora es la derecha occidental la que la cita a China como modelo. De largas jornadas de trabajo, de sueldos justitos, de escasos derechos cívicos y sociales.. y de fortunas colosales conseguidas en un santiamén. Está claro: lo que triunfó a finales de los años 1980 no fue la democracia, fue el capitalismo. La idea de que el más noble objetivo del ser humano es acumular riqueza se extendió como una mancha de aceite por el Este. El darwinismo social –el triunfo del más fuerte o el más adaptable- se convirtió en forma de vida universal. En China, cuenta Qiu, los denominados Bolsillos Llenos, esa gente que cierra los tratos comerciales “en la cena, junto a la máquina de karaoke o en la sala de masajes”,  son los maridos con los que cualquier familia querría casar a sus hijas.

        BugattiEn El enigma de China resulta también interesante otra semejanza con España, esta vez con la presente, con la de 2014. Los personajes de la novela que intentan estar bien informados renuncian a intentarlo en los diarios impresos, todos oficialistas, y se buscan la vida en el océano de la Red. “Al igual que un número creciente de ciudadanos chinos, Peiqin creía que no le quedaba otra opción que informarse a través de internet”, escribe Quiu.  “La gente”, añade, “confía en Internet cuando quiere conseguir información detallada sobre esos funcionarios que engordan como si fueran ratas rojas”.

        La novela negra está contando el siglo XXI mejor que cualquier otro medio o género, y de ahí su popularidad. En concreto, Quiu nos está relatando, novela tras novela, la evolución de China. Tanto en lo muchísimo que se va pareciendo a nosotros como en lo poco que va quedando de su tradición: la comida, los poemas y deliciosas rarezas como ese “romance del erudito y la beldad” al que sigue aspirando el inspector jefe Chen.

Anuncios

Madame la Commissaire escribe una novela

Danielle_Thiery

Danielle Thiéry, en la librería Estudio en Escarlata. Foto: Javier Valenzuela

Muchos de los periodistas que han terminado escribiendo novelas negras reconocen haberlo hecho porque la ficción les permite contar cosas que ellos saben con casi absoluta certeza pero que no pueden publicar en los medios convencionales. Se lo impide la necesidad de que una acusación grave contra un poderoso esté absolutamente certificada, y el hecho habitual de que, aunque lo esté, los directivos y propietarios del medio prefieran censurarla.

   Tras conversar el pasado jueves con Danielle Thiéry en la muy noir librería madrileña Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, esquina con Fernández de los Ríos), he estado pensando en que a los policías que cultivan el thriller puede ocurrirles exactamente lo contrario. Los policías no pueden contar en sus obras de ficción absolutamente todo lo que saben, todo lo que han visto, oído y olido. Si lo hicieran, sus obras serían insoportablemente duras. Ni los editores las publicarían, ni los lectores podrían aguantarlas. 

   Por ejemplo, ¿cómo podría madame Thiéry haber narrado en alguna de sus novelas los detalles más realistas de su primer caso como inspectora de Policía en la brigada criminal de Lyon?  Thiéry me contó que acababa de incorporarse a la brigada, y que su jefe, para que ella pudiera demostrar su resistencia, le adjudicó como primera misión el acudir a la autopsia de dos niños, de 4 y 6 años de edad, que había muerto maltratados por sus padres. ¿Qué novela soportaría el relato de esa autopsia en la morgue de Lyon, el que ella, en cambio, sí tuvo que escribir minuciosamente en su informe oficial?

    Clavos-en-el-corazonDanielle Thiéry tenía entonces 22 años de edad. Ahora está jubilada tras haber trabajado durante 38 años en la Policía Judicial francesa, donde fue la primera mujer al alcanzar el grado de commissaire divisionnaire. En ese tiempo ha visto mucha sangre derramada, muchos cerebros y vísceras esparcidos, muchos cadáveres grotescamente abandonados. Los ha visto en las escenas de los crímenes, atentados y accidentes que ha tenido que investigar, y en las fotos que una y otra vez ha tenido que repasar en el transcurso de las instrucciones. Nunca, dice, ha podido transmitir en sus obras de ficción el horror de esas experiencias. Ni tan siquiera lo ha intentado.

       Y sin embargo, quizá haya algo en común en lo que impulsa al periodista a escribir ficción noir y lo que motiva al policía. Los casos no resueltos judicialmente, los casos en que la intuición del investigador policial no ha podido ser acompañada por las pruebas correspondientes, aquellos casos que dejan clavos en el corazón, son, me dijo Thiéry, una de las causas que la llevaron a convertirse, en 1995, en el primer funcionario en activo de la Policía Judicial francesa que escribía y publicaba novelas negras.

36QuaiDesOrfevres

36 Quai des Orfèvres, París

       La comisaria Thiéry ha estado en Madrid presentando su última obra, Clavos en el corazón (La Esfera de los Libros, 2014), la primera traducida al castellano. Con ella ganó en 2013 el Premio Quai des Orfèvres y de ella ha vendido ya más de 200.000 ejemplares en Francia. El número 36 del parisino Quai des Orfrèvres es, como ustedes saben, la sede central histórica de la Policía Judicial francesa, y el premio que lleva ese nombre, el más importante del país en materia de polar. Lo concede un jurado de policías, jueces, abogados y periodistas a un manuscrito anónimo.

    Clavos en el corazón cuenta la historia de dos investigaciones criminales -una actual, otra estancada desde hace diez años- que terminan entrecruzándose. La novela transcurre en el Versalles del siglo XXI y la protagoniza el comandante Revel, un vieux flic absolutamente comme il faut: solitario y amargado, fracasado en su vida familiar y fumador impenitente, consagrado por completo a su trabajo e incapaz de dar un caso por imposible de resolver. Le acompañan en sus pesquisas los miembros de su equipo, y es aquí, en la humanidad de la descripción de Revel y los suyos, donde Thiéry da lo mejor de sí misma. Sabe de lo que habla. Clavos en el corazón debe inscribirse en el subgénero sobre lo absorbente, amargo e ingrato que resulta el trabajo de los investigadores policiales.

simenon

Georges Simenon

No les fastidio demasiado la novela si les adelanto que la búsqueda ilegal de una herencia jugosa es la motivación de las dos series de crímenes investigados por Revel. En nuestro encuentro en la librería Estudio en escarlata, le pregunté a madame Thiéry si podía confirmarme que, tal como yo pienso, la codicia, la búsqueda de un dinero fácil, un dinero que pueda conseguirse sin trabajar, es la principal causa del crimen en Francia y en todas partes. Tanto del que derrama sangre como del de cuello blanco, precisé. “Por supuesto”, me respondió, “en nueve de cada diez crímenes, la motivación es la búsqueda del enriquecimiento rápido, la apropiación del dinero del otro”.

    Thiéry, de cabello corto y níveo, me contó que el comandante Revel estaba inspirado en un comisario de la Policía Judicial de Versales que también fumaba demasiado y terminó pagándolo caro. Y también que su autor clásico favorito es el belga Simenon, y entre los contemporáneos, James Ellroy, Denis Lehane y Michael Connelly. No es, precisó citando a P.D. James, Patricia Cornwell y Víctor del Árbol, el primer policía o ex policía que escribe ficción policial.

    De una escena del crimen, me dijo madame la Commissaire, lo verdaderamente imposible de transmitir en una novela es el olor nauseabundo.