Robots asesinos

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Mercenario de BlackWater en la guerra de Irak

Los ingresos por la exportación de armas llegan a superar en España los del vino y el aceite de oliva juntos. Esta es una de las cosas que contó Rodrigo Palacios en la presentación de su novela Motivos para matar, el viernes por la noche en la librería madrileña Lé. Este thriller, publicado por Edhasa en su colección Polar, tiene como protagonista no a una persona, sino a una empresa imaginaria llamada Defensiva, dedicada a la fabricación de productos letales de alta tecnología y al suministro de eso que antes llamábamos mercenarios y ahora se considera más presentable si se usa el eufemismo de seguridad privada.

       Defensiva sostiene relaciones de competencia y compadreo con otras grandes empresas españolas –de su sector y otros de los denominados estratégicos-, y todas ellas, dice el narrador de la novela, son “el verdadero dueño del país”, “los que manejan la marioneta”. La marioneta –ustedes lo habrán anticipado- son los políticos de los grandes partidos y los medios de comunicación tradicionales.

motivosparamatar-689x1024   Motivos para matar tiene momentos muy interesantes sobre las relaciones entre el poder económico y los gobernantes. En un encuentro entre tres empresarios, Fermín Mesado, el presidente de Defensiva, les pide a los otros dos que aceleren el nombramiento de un nuevo ministro de Defensa favorable a sus intereses. Este es un instante de esa conversación:

“-No veo por qué no podéis –se quejó Mesado.

-No te estamos diciendo que no podamos, Fermín –se adelantó Hernán-. Te estamos diciendo que no se hace así de rápido. Hay que seguir unos pasos”.

Más adelante, hablando de Arguimbau, exministro de Defensa, el narrador hace esta reflexión: “La política sincera era la que se peleaba por esquivar las influencias del poder. Esa permanente presión de la que es casi imposible escapar. Sobre todo en este país”.

Rodrigo Palacios, ingeniero de formación, ofrece en esta novela un interesantísimo vistazo al universo de la guerra en el siglo XXI. Como ya comenzó a ocurrir con la invasión estadounidense de Irak -recuérdese al “contratista” BlackWater-, las empresas de “seguridad privada” irán reemplazando a los ejércitos nacionales en las batallas en el exterior. “El cuento del patriotismo es muy bonito, pero está pensado para que el soldado raso no dude a la hora de saltar desde una trinchera”, dice en un momento dado Fermín Mesado. Y ahora ya no es demasiado útil emplear soldados y trincheras, es mucho más eficaz utilizar el espionaje y el sabotaje cibernéticos, la robótica y la realidad virtual y, por qué no, hasta humanoides.

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La guerra en un futuro no muy lejano

Carlos Migala y los monstruos de alta tecnología que crea para Defensiva acercan esta novela en algunas de sus escenas al universo de pesadilla de Blade Runner, la película y la novela de Philip K. Dick en que se inspiró. Ese futuro ya está aquí, aunque los medios hablen poco o nada de ello y prefieran distraer a la parroquia con navajeos politiqueros o querellas de alcoba.

Rodrigo Palacios apunta buenas maneras de escritor, que deberá seguir puliendo como exigía Hemingway. Entretanto, Motivos para matar se hace cada vez más entretenida a medida que se avanza en su lectura y va ofreciendo un buen puñado de fogonazos sobre la realidad de España y el mundo. Si algo hace interesante al género negro es que puede contar mejor que el periodismo lo que pasa hoy y lo que pasará mañana.

Precisamente, el periodismo, a través del personaje de Irene Rojo, es otro de los vectores de esta obra. Irene Rojo es un modelo muy habitual de periodista, uno de esos a los que lo único que les importa es su carrera porque en sus vidas no hay nada más. Y las observaciones del narrador sobre el actual delirio mediático son muy acertadas. Les adelanto esta:

“¿Quién está seguro de algo en estos tiempos? Si ya antes los periódicos salían llenos de mentiras, hoy día se contaban sin siquiera ir escritas sobre papel. Imperaba lo digital. Las pantallas. Las mismas patrañas con vida más efímera. Antes era reliquia el periódico de ayer, ahora las caducidades se medían en minutos, las noticias volaban y se consumían. Cambiaban más rápido que la realidad”.

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