Babylon Berlin

Hay ciudades que son un perfecto escenario noir en un determinado momento de su historia, ese momento que las desnuda de su ropaje oficial y nos las muestra desnudas. Horribles y hermosas. Duras y libertinas. Corruptas y salvadoras. Tiernas y violentas. Refugios y cárceles. Muy suyas y muy de todos. La Habana en los últimos días de Batista, Tánger durante la Segunda Guerra Mundial, Berlín bajo la República de Weimar…

Nunca me cansaré de visitar el Berlín de finales de los años 1920 y comienzos de los años 1930. Una ciudad rica, hermosa y vanguardista repleta de pobres, desesperados y extremistas. Un lugar donde son posibles algunas virtudes y, aún más, todos los vicios. Un puchero en ebullición a punto de reventar por los cuatro costados. La visité en mi juventud en Cabaret, un musical dirigida por Bob Fosse e interpretado por Liza Minnelli, y volví a ella, más tarde y de modo mucho más noir, con las novelas de Philip Kerr protagonizadas por el detective Bernie Gunther. Vuelvo a hacerlo ahora con la serie televisiva alemana Babylon Berlin.

Basada en una trilogía novelesca de Volker Kutscher, esta serie televisiva transcurre en el año 1929, cuando Alemania tiene aún muy abiertas las heridas de su derrota en la Primera Guerra Mundial y ya está a punto de sufrir las puñaladas de la crisis económica mundial y la ascensión al poder de Adolf Hitler. Un tiempo en que su juventud –la que puede, la que no está en la miseria- intenta desfogarse bailando, drogándose y practicando todos los modos posibles -lícitos o ilícitos- de sexualidad. Un período en que los obesos gobernantes del régimen de Weimar se ven gangrenados por su propia corrupción. Una época en que los revolucionarios de izquierda y los contrarrevolucionarios de ultraderecha se pelean encarnizadamente por el control de la calle. Un momento absolutamente negro.

Los protagonistas de Babylon Berlin están muy bien pintados. Gereon Rath es un joven inspector de Policía llegado a Berlín desde Colonia para intentar resolver un caso de chantaje sexual, un católico atormentado que viola no pocos de los Diez Mandamientos. Charlotte Ritter -soberbiamente interpretada por Lisa Liv Fries- es una muchacha proletaria y bohemia, tan egoísta como buena samaritana, que se busca la vida como puta, mecanógrafa y auxiliar de la Policía. Los dos husmean la ciudad rodeados de un variado elenco de cineastas pornógrafos, comisarios sinvergüenzas, soñadores trotskistas, matones estalinistas, conspiradores nazis, drogatas múltiples y artistas iconoclastas.

Berlín era una fiesta en 1929. También un pozo de mierda como aquel en el que cae el violista ruso en uno de los primeros capítulos de esta serie. La metrópolis más palpitante de una Europa en efervescencia, una Europa que pronto se cubrirá de sangre. Con algunas inquietantes semejanzas con nuestro presente.

Este texto fue publicado originalmente en mi columna “La Dalia Negra” en Cartelera Turia (Valencia) el 9 de febrero de 2018

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