Black & Noir inventa el folletín negro digital

El género negro nació en Black Mask y otras revistas populares norteamericanas de las décadas de 1920 y 1930. Eran baratas porque, entre otras cosas, estaban hechas con papel de baja calidad (pulp). Eran muy leídas porque contaban de modo entretenido historias verosímiles del lado oscuro de la lucha por el dólar. Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Erle Stanley Gardner y otros pioneros debutaron en Black Mask. La revista les publicaba relatos cortos y también sus primeras novelas en forma de entregas semanales.

Los pulp fueran la cuna de la novela noir, hard boiled, criminal o como quiera usted llamar al género que no considera que lo esencial es la resolución de un misterio, sino el retrato de un ambiente social. Pero los pulp no inventaron la fórmula de la novela por entregas. Esta ya había hecho muy popular y comercial al realismo literario del siglo XIX. En Francia la practicaron Balzac, Flaubert, Eugène Sue y Victor Hugo. Fuera, Dostoievski, Stevenson y Pérez Galdós. A las novelas por entregas se les llamó folletines en castellano.

¿Y si en vez de papel barato se usara hoy el soporte digital y el teléfono móvil? Esta es la idea que tuvo hace un año Javier Manzano, uno de los fundadores de la revista Fiat Lux. Se dijo: “Si en los móviles es donde más se lee y se escribe ahora, vamos a llevar la literatura a ese medio”. Acaba de materializar su idea con el nacimiento de Black & Noir.

Con Black Mask ibas al quiosco a comprarte la revista. Con Black & Noir vas descargando novelas por capítulos en tu iPhone o dispositivo Android, y las vas leyendo allí. El tamaño y la calidad de sus pantallas convierten ya a los móviles en aceptables bibliotecas.

Como Manzano desea dejar claro que su propuesta está pensada para un mundo que va más allá de Gutemberg, cada novela va acompañada de extras digitales: documentos de audio y video con entrevistas a los autores, la banda sonora de sus novelas, sus lugares favoritos, sus filias y fobias, sus técnicas de escritura…

Black & Noir ha arrancado con cuatro novelas escritas específicamente para esta aventura por otros cuatro autores negros españoles.

Paco Gómez Escribano

Paco Gómez Escribano relata en #MadridPrisión la investigación detectivesca de un individuo llamado El Poeta en los barrios periféricos de un Madrid postapocalíptico. Un tiempo en el que “el acto más subversivo que se podía cometer era leer.

Rosa Ribas propone Emma, la historia de una escritora de género negro que ha sufrido un ictus. Así arranca esta novela: “No te fíes de nadie, Emma. Ni siquiera de ti misma”.

Rosa Ribas

“Mis alumnos tienen tres manos: la derecha, la izquierda y el móvil. No queda más remedio que meter la literatura en el móvil”. Lo dice en una entrevista David Llorente para explicar por qué aceptó la propuesta de Manzano y escribió Príncipe de Dinamarca.

Completa el póker inicial Manuel Barea con Vieja entrepierna humeante, las andanzas de un sicario por la Andalucía de 1984. Una historia con la que, dice, inventa el pulp castizo.

Black & Noir, por su parte, acaba de inventar el folletín negro en soporte digital.

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Editores de rapiña

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“The Yellow Press”, por H. D. Spalding, 1959

Raymond Chandler creó el personaje del detective privado Philip Marlowe como un arquetipo del caballero andante contemporáneo. Marlowe, por supuesto, era mucho menos iluso que los desfacedores de entuertos medievales, no en vano vivía en una gran ciudad, Los Ángeles, y en plena expansión del capitalismo, mediados del siglo XX. Él no comulgaba con ruedas de molino tales como Dios, Patria y Rey, e incluso tenía serias, y casi siempre finalmente justificadas, dudas sobre la completa inocencia de las damiselas en apuros.

Marlowe sabía que el muro que separa el lado limpio y el lado sucio de la lucha por el dólar es tan delgado como el papel de fumar. Al igual que lo es el que separa el glamour del crimen.

Y sin embargo, el personaje de Chandler actuaba conforme a sus principios, por minoritarios que fueran; libraba las batallas que creía que debía librar, por perdedoras que se anunciaran, y, en su relación con la gente, prefería a aquella que es mejor que otra.

En El largo adiós, Marlowe simpatiza con un periodista, Lonnie Morgan, que trabaja para el imaginario Journal, el último diario más o menos independiente que queda en Los Ángeles. Morgan es el único que espera al detective cuando sale de pasar varios días en comisaría, y, aunque sabe que no va a sonsacarle la menor información, se toma la molestia de llevarlo en coche a casa. Más adelante, Marlowe confiará en Morgan para filtrarle un documento policial explosivo, y éste y su director, otro periodista de raza, tendrán lo que hay que tener en este oficio para publicarlo por mucho que fastidie a los amos de la ciudad.

En esa novela, Marlowe se las tiene que ver asimismo con Harlan Potter, un multimillonario que es dueño de un montón de periódicos y uno de los amos de la ciudad. Lo mejor que Marlowe puede decir de Potter es que no tiene el menor remordimiento a la hora de usar sus diarios y sus influencias para ocultar aquellas informaciones que le desagradan y para aplastar a los que se entrometen en su camino.

William Randolph Hearst, 1863-1951

Inspirado en buena medida en la figura de William Randolph Hearst (Citizen Kane), el personaje del editor de diarios -manifiestamente amarillos o supuestamente serios- que gana dinero a espuertas y teje una tupida trama de cuello blanco con políticos, jueces, empresarios y banqueros, es un habitual de la novela y el cine estadounidenses de la época clásica del thriller

Seis o siete décadas después, la distinción que, a través de Marlowe, hace Chandler en El largo adiós entre los periodistas y los dueños de los periódicos, entre los profesionales de la información y los negocios mediáticos, es aún más notoria. La figura puente del burgués ilustrado que editaba un diario local ha sido barrida por empresas multinacionales y multimedia dedicadas a la maximización de compadreos y beneficios en el menor plazo posible.

A los editores de rapiña el periodismo les importa un rábano; el futuro del periodismo está en los periodistas… y en los ciudadanos.

En un momento dado de El largo adiós, el reportero Morgan le explica a Marlowe: “Los periódicos son propiedad de gente rica, y todos los ricos pertenecen al mismo club. Sí, claro, hay competencia, una dura competencia, por la difusión, por noticias potentes, por historias en exclusiva. Pero siempre y cuando ello no dañe el prestigio y la posición de los propietarios. Si lo hace, entonces es cuando aparece la tapadera”.

La que aquí se inicia es la segunda temporada del blog Crónica negra, de Javier Valenzuela. La primera se desarrolló en el diario El País entre el 22 de noviembre de 2011 y el 12 de noviembre de 2012. Este es el enlace a Crónica negra en El País.